¿CÓMO EL TURISMO NOS RECONECTA CON LA NATURALEZA?

Héctor Tello Mabarak / 2017-10-02

Cuando hablamos de crisis socioambiental nos referimos a la evidente disminución en la calidad de vida de las personas y los ecosistemas alrededor del mundo. Los seres humanos hemos entablado dinámicas que no coinciden ni respetan los ciclos de orden natural que rigen el mundo que vivimos, y hemos roto la comprensión y el manejo de las múltiples relaciones que existen entre los humanos y su entorno. Por esta “desincronización” o falta de alineación, se han generado una serie de obstáculos y problemáticas en la regeneración de la vida misma. Sin embargo, aunque ya han pasado muchos años donde se han perpetuado estas dinámicas de desincronización con el ecosistema a nuestro alrededor, todavía podemos solucionarlo.

Empecemos por encontrar la raíz fundamental detrás de este problema de comunicación entre los humanos y su entorno. Todo inicia con la separación física y cotidiana de las dinámicas del ser humano como individuo y sociedad con las dinámicas del entorno natural que habita, que lo provee y le da sustento. Es decir, cuando actuamos de acuerdo con nuestra rutina, pero sin considerar los ciclos que existen de manera natural en nuestro entorno.

Una excelente forma de solucionar esta poca comunicación con el entorno es mediante el reconocimiento de la íntima relación que mantiene el ser humano con la naturaleza, y para llegar a ello es imprescindible mantener el contacto espontáneo, funcional, cotidiano y/o sagrado con el medio natural.

Ahí es cuando comprendemos la urgencia del turismo como plataforma de regeneración socioambiental. Cuando el turismo se enfoca en comprender a la naturaleza como generadora de experiencias de alto impacto, se puede reactivar y nutrir la relación del ser humano con la naturaleza. No se trata de simplemente viajar para percibir con distancia el mundo natural (que por sí mismo ya tiene mucho que mostrar), sino también de aprender a interactuar de manera creativa y respetuosa con nuestro medio ambiente, para comprender y motivar la convivencia de las personas con la naturaleza de manera espontánea y no forzada, algo que en los ambientes urbanos solemos olvidar. Más allá de sólo mirarla, en la naturaleza se puede jugar, vivir retos, convivir con calma y también aprender a escucharla.

El turismo en naturaleza germina conciencia socioambiental desde un espacio sutil y sensible, por lo que afecta en mayor medida el comportamiento de las personas. Todos los aprendizajes son mucho más valiosos cuando se experimentan en carne propia, por lo que descubrir y desarrollar habilidades y destrezas que nos permitan conocer y comprender a la naturaleza desde nuestro propio ser, nos ayuda a redefinir el rol del ser humano como agente regenerativo de su propio sistema socioambiental.

La naturaleza en su infinita belleza siempre tiene las puertas abiertas para quienes quieran acercarse a ella y conocerla a profundidad, mediante una convivencia real y espontánea. Por eso el turismo en naturaleza tiene tanto que aportar en el mundo actual, en el que habitan más personas en zonas urbanas que en zonas rurales y que mantienen una dinámica y cosmovisión cultural que no es incluyente con el orden, los ciclos y los flujos naturales que definen el bienestar y la calidad de vida de cada lugar.

La invitación es para todos, y los aprendizajes son para siempre.

Nota publicada en Harmonia.la